Reseñas


Conjunción de la Aguas, de Goya Gutiérrez,
Contrabando ediciones. Colección Marte ( Valencia, 2025)

Por Federico Gallego Ripoll

LA GRIETA QUE RESPIRA

Yo no sé por qué escriben poesía los poetas (incluido yo mismo), tampoco me importa mucho. Ni sé, ni me importa tampoco por qué leen poesía sus lectores. Al cabo de muchos decenios de lector constante, creo empezar a advertir que en mí la poesía ejerce la autoridad (y el consuelo) de plantear preguntas que ofrecen el anverso de las respuestas incompletas que la vida me ha venido dejando caer sobre la experiencia aquí o allá, en este mundo inevitable que cada vez se me aparece más turbio, injusto e incomprensible. Bien pertrechado de rutas complementarias, mis tres vías de escape más inmediatas, ante la imposibilidad de digerir una realidad que me sobrepasa, son la música, la poesía y el paisaje, y apelo a cualquiera de ellas, según la premura que me agobie, esté donde esté. Así siempre leo, escucho y contemplo, no además de vivir, sino como forma inevitable y elegida de vivir.
No es raro que en estas húmedas noches insobornables de la isla, cuando los coches se aquietan mínimamente, salga a caminar, calle abajo, hasta el mar, donde el negro absoluto me sosiega. Creo que es mi tradicional falta de sentido de la orientación la que me ha empujado a vivir siempre en ciudades con puerto, donde el hacia arriba o hacia abajo (más allá de cielo e infierno), ubica inmediatamente al caminante.
Con respecto a la poesía, no sé si estoy realquilado o vivo como okupa en un remedo de la casa tomada de Cortázar, una vez asumido mi Diógenes poético, incapaz de desprenderme de ninguno de los tantos poetas que me acogen entre sus libros. Así, voy marcando con piedrecitas blancas el camino de aquellos nombres (muchos nombres) a los que es siempre liberador volver. Y, aquí, mi querida y admirada Goya Gutiérrez, entre cuyos filos y quebradas hallan cauce sus ríos y los míos, su pulcro afán de hacer de lo intuido sustancia del lenguaje, y su perpetua indagación en el envés de cada experiencia: ser tanto por lo que se roza como por lo que se ansía rozar, constituirse desde lo previo a lo consecuente, evocar el futuro desde la constatación de que hay en nosotros una memoria que no se limita a nuestra acotada biografía, ni se adapta a lo sucesivo de su discurrir.
Siempre he asumido la poesía de Goya como manando trabajosamente desde un fondo muy profundo que exige fortaleza y perseverancia. La suya no es agua llovida, ni desnevada, ni agua discurrida o reposada en un remanso: es agua en permanente afán de brotación, surgiendo hacia lo externo gota a gota como en una destilación profunda, intensa, constitutiva de un propio gesto de vida, fluente desde el sustrato de lo quieto. Agua/vida trabajosa, filtrada, impoluta, regeneradora.
Cada nuevo libro suyo me ofrece la posibilidad de ir definiendo mis propios límites a partir de la renovada herramienta de conocimiento que me ofrece, como si sus palabras contuvieran la muela capaz de pulir mis aristas, y lo vinieran a hacer vez tras vez.
En esta "Conjunción de las aguas" el cuerpo de sus poemas ofrece mínimas pausas entre las palabras o las frases, dejaciones, reposos, como si el ascenso de estas aguas suyas que manan desde un fondo profundo no precisaran otra cosa que la dulzura que la erosión produce, la redondez de dejarse llevar por su sentido aislado, su composición sin argamasa, ni puntuación, ni acomodo a lo previsible. La poesía pareciera querer escapar de los límites de las páginas, invertebradamente, sin otra contención que la mirada del lector, que se envuelve en estas cintas de agua como en los brazos del amante el amante se envuelve.
La poeta es metáfora de su propia poesía; es usada por sus palabras, situada donde las palabras quieren. La escritura rechaza las bridas y ejerce sobre la poeta el privilegio de su don. Busca la poeta lo que el poema encuentra, y es en el poema donde la poeta halla su propio cumplimiento. Las aguas son el plural de ella misma. Y siempre bajo las aguas, como resquicio del que proceden, la grieta, ahora no expuesta, lugar donde colisionan sus propios elementos liberando o conteniendo fuerza y vida. Toda la poética de Goya Gutiérrez se sostiene sobre una grieta en movimiento que se busca y se aleja, que respira. La grieta que respira, de la que ahora manan densas, lentas, abiertas, sorprendidas, las aguas más profundas, emanadas desde cada una de sus células.


EL AGUA INTERIOR

VI

Aprender que quizás solo eres
una simple imitación de alguien desconocido
en ese misterioso eslabón de la sucesión cósmica
y así ligera algo también difícil de lograr será encontrar
un antídoto contra el deseo de que
tus mejores pasos dejen alguna huella en este mar
o en esta tierra para pararse y vaciarse
en la contempladora paz de algún orden secreto
más allá de visibles estrellas
más allá de sus constelaciones líquidas

Artículo editado en Facebook el 17.8.2025