Publicaciones - Lugares que amar

Lugares que amar es un homenaje al séptimo arte, al arte de un cuadro, de una obra de teatro, de una escultura, de una fotografía o de la misma poesía, a través de la palabra que traduce e interpreta la visión de las imágenes. Homenaje a la naturaleza y a la ejemplaridad y vulnerabilidad de algunas de sus criaturas. Evocación pictórica, palabras como pinceladas, de los espacios y sus gentes amadas, de los lugares, a veces heridos, en que se posa la belleza.

Presentaciones:

          Castelldefels - 23/4/2022

          Barcelona - 9/5/2022

Catálogo en in-VERSO ediciones de poesía

Para nosotros planta corales el mar.
A los bosques ordena guardar calma,
al mármol inflar la hermosa veta,
al rocío pasar una vez más sobre las cenizas.

INGEBORG BACHMANN
Traducción de Cecilia Dreymüller



Primera edición: abril de 2022

© Goya Gutiérrez, 20228
© de esta edición, In-Verso ediciones de poesía, 2022
www.inversopoesia.com

ISBN: 978-84-120854-8-8

POEMAS DEL LIBRO "LUGARES QUE AMAR"

"Yerma" (1934) de Federico García Lorca

Esa mujer que sueña con caños de agua fresca
que salen de las fuentes,
con cántaros de leche obtenidos
de rosados pezones,
con lechales naciendo de la res o la oveja,
la que como tantas no ha sido destinada ni a amor
ni a pasión de hombre elegido,
sí, a emparedar como cuerpos sus secretos,
aparte del encaje de bolillos,
las telas o la lana,
solo le queda la misión de ser madre,
parir hijos.

Ella siente cómo el zumbido de una abeja
dibuja en el aire la palabra yerma,
pero tapa sus ojos, tapa sus oídos
porque cree que su hombre
no insiste, no quiere voluptuosamente
vaciar con fortaleza su brebaje,
para que ella grane,
y lucha con desespero, se devana la mente,
sigue ritos paganos que entre sus piernas traigan
ríos y manantiales,
pero solo ve pozos, charcos de agua estancada,
y el vientre sigue seco, y su cabeza hierve
pues nacida en la férrea casta de la honradez
rechaza los consejos de la Vieja
que sabe de los partos
y varones baldíos, del que no tiene el riego,
el vigor que la tierra precisa.

De nada sirven rezos y Romería en donde
otras casadas en lo oscuro del margen
hallan su concepción,
ella no tiene cura, está predestinada por su mismo
nombre,
se perderá en el negro designio de su sangre
vertiendo con locura la del por siempre
asignado a ella, la del no hijo.

A Sebastião Salgado y a Enric

El fotógrafo palpa el transitar del mundo.
Su mirada revela lo que estaba invisible,
el resplandor que mana de ese silencio oscuro,
recoge con sus manos la luz, su dolorida sombra:
que yacían secretas en lo hondo de los rostros,
los huesos que ya emergen del fondo
de los cuerpos,
los ojos cavernosos, la cuchara del hambre,
el cuchillo oxidado de la última guerra,
las patas de los osos contra el hielo desnudo,
el fuego que perfila los rincones del tiempo.

El fotógrafo absorbe esplendor y miseria,
se convierte en iglesia, catedral, rascacielos,
se hace minero de oro, baja hacia las entrañas,
y enrojece sus uñas en la tierra minada,
su valor carga el mundo con el valor
que es precio,
para probar su brillo o aglutinar la estrella.

Viaja hacia los espacios de la Tierra olvidados
y nos trae paisajes de atenazantes nubes
y de fogosos suelos y la mano de seres
que siguen destruyendo lo que fue paraíso.
Y mujeres que envueltas en oscuros tizones
esclavas de su sexo y llagado destino
caminan replegándose tirando de los hijos.

Y también nos ofrece carreras de termitas
en el planeta árbol y casas de gorriones
y cuevas en su tronco y bocas en sus hojas,
y orangutanas fieles sujetando su techo
ante el rugir metálico que ya anuncia
el desahucio,
y zancudas rosadas elevando su vuelo
y tiñendo la luz de un camino
que parece infinito,
todo ello grabado en su piel,
de incompleta memoria.

Homenaje a las mujeres violadas.
(Guerra de Bosnia)

Madre, mare, majka, mother¡¡¡
La dulce y blanca corteza del abedul
se tiñó de acritud y podredumbre.
No fuiste perseguida como la corza o la cierva
desde el hambre fecundo de otro estómago.
En el bosque aún queda alguien después
de tantos años, vigilante…:
Blande sus ojos azules, los clava sobre
el musgo esmeralda
que no sabe, ni conoce la indiferencia,
y, no obstante, en-cubre y conserva
con su fresco verdor las huellas,
la maligna semilla que en tu vientre bebió
el antídoto por el que florecí.
Y yo ajena a tu perpetua penumbra, ignorante
de tu mordedura y enardecida huida.

Madre, mare, majka, mother¡¡¡
Lo que antes fue incesante cobijo, regazo
de sombra
bajo el ardiente, abrazo nupcial de arces y fresnos
se transformó en maleza espinosa,
oscuros rastrojos humillantes,
abandono del dios que permitió
al leviatán del hombre verter beleño negro
sobre el trigal fructífero de tu cuerpo
como botín de guerra.

Pero los animales del bosque han regresado
porque ellos no conocen la infamia:
albas capas de flamantes cisnes, arcoíris
de pavos reales
te deslumbran con su magia ceremonial,
caballos salvajes te sobrevuelan
con las alas doradas de sus crines
mientras de sus bocas crece la hierba
de la concordia,
esculturas ramificadas que se alzan en la cabeza
del ciervo, te reverencian,
abejorros de colores metálicos quieren libar
el néctar de tus labios,
el tigre pasea en tu pasarela su franco furor
de oro aterciopelado frente a tus ojos.
el lobo aullante desde la cima te solicita
con su fiel canto de cortejo.
Han acudido todos a tu calvero,
y una verdad se yergue, es blandida
por la lengua de las serpientes míticas:

en las cavernas de esta civilización
alguien que no esperabas repara tus campos,
me hornea como una tierna e inusitada
hogaza para ti,
desenmascara la protuberancia acerada del odio
que doblegó la libre-azulada flor del trigo.

La memoria es un desván lleno de trastos
encendidos,
de relatos amargos que se han dulcificado,
o de instantes felices o vivencias amables,
o de Historia mayúscula,
o de historias privadas, fijadas a sus primeros
clavos,
que aún rezuman la misma sangre fresca.

Es la cueva poética cuajada de pequeños cofres
olvidados, aún por descubrir.
La linterna de una catedral por donde llegan
los rayos de la infancia y las ensoñaciones.
Y si por algo es desahuciada crecen en ella
las tristes telarañas
que la atrapan, la engullen, y el desván queda
huérfano,
sin la casa, las paredes, las columnas que le daban
sentido.

Desde sus rosetones hoy percibimos al tierno
magnolio
en donde ya se ha aposentado un petirrojo.
La mirada como antesala de la memoria
recogerá día a día su transcurrir fecundo
que brota lentamente, afianza las raíces
de la permanencia.
Un verde que dora las sonrisas de nuestros
propios ojos, de nuestras propias manos
que consumen cada vez más veloces
las horas y los años,
sin saber si su frondosidad vital, si su marcha
en ascenso
podrá alcanzarnos, si podremos
llegar a entreverar su completa belleza
con todo lo vivido y lo soñado,
con todo lo que un día nos sobrevivirá,

o será replantado quizás en el desván de otra
memoria ajena.