Revista Calicanto nr. 28 Abril del 2015

A pesar de todos los jardines desahuciados de flores y de frutos,
de todas las batallas que engullen las ciudades del mundo
de tantos vertederos, agujeros que siegan la dignidad humana
yo te sigo queriendo como una fiel amante al contemplar:

tu rostro lleno de azar, de posibilidad, de duda,
tu cuerpo emboscado en el asombro ante lo que silvestre
se crea, se conforma,
tus perfiles como los de las dunas, hipnóticas, terribles,
tus ojos inventando palabras como piedras preciosas
que ha de pulverizar el viento sin ninguna piedad,
tus labios que pronuncian la infinidad de nombres
que un día caerán en el total olvido,
tus pies que circundan las ruinas y edificios donde los seres,
sus cuerpos y sus cosas hallan cobijo frente a la oscuridad,
o tu mano que diligente absorbe algo de infinitud en lo caduco
transformándolo en el prodigio que no se deja apresar.

Y con todo...
Qué paradójico amor me une a ti, existencia.

Qué haría sin tus alas fecundas y tus mundos y tus múltiples vidas
y tus ramas cargadas de los frutos de las cuatro estaciones que nunca
han florecido sino en el limbo como sueñosespejo, liberados, creados
y ofrecidos a mí.

Qué tedio sin tu aguda compañía, tu reverberación del cosmos,
tus sabios pensamientos, tu amor, tu poesía, tu música de tiempos
no caducos,
palabras asentadas dulcemente en el silente estante
a la espera de ser

raptadas desde la alta torre por la vigía, abiertas como el puño
de una mano,
desplegadas como el capullo de una rosa, respiradas con avidez
por unos ojos,
en todo su esplendor.

Qué haría sin mis libros, los buenos seductores.